El perdón es la clave de la liberación.
Isabella veía a Blas crujir los dientes sin apartar su vista de ella, y le parecía gratificante verlo rabiar de ese modo, porque justo así de impotente se sintió ella alguna vez y él se alegraba de verla tan mal, ahora era su turno.
—Sin tu costoso bastón, trajes de alta costura, bufandas y tabaco de calidad solo te ves como un simple anciano patético. Viste que nada es para siempre, te lo dije Blas, siempre que me rompiera volvería más fuerte, soy como el fénix y revivo de mis propias cenizas—