Marcela.
Corríamos de puerta en puerta, golpeando con fuerza, advirtiendo a todos lo que estaba ocurriendo. Las miradas llenas de horror de los habitantes me rompían el corazón, porque nadie se imaginó que algo así volvería a ocurrir.
El frío de la noche no me afectaba, porque lo único que sentía era la urgencia de avisarle a todos. La necesidad de poner a salvo a la manada.
Kael había perdido el control, esa era nuestra realidad.
Estaba asustada, no sabía si Sebas y Nolan iban a sobrevivir a