Celeste.
Era mediodía y decidí visitar a Damián, siendo escoltada por dos guardias en el camino.
¿Quién diría que terminaría convirtiéndome en una damisela en apuros?
Inhalé hondo.
La enfermería estaba tranquila, iluminada por la luz tenue de las lámparas y sin pacientes como la última vez que estuve allí.
Me encontraba sentada junto a Damián y Serena, me permití respirar con calma, observando cómo mi amigo sonreía cada vez que su novia hablaba. Se veía feliz, y ella también.
Tenían un am