Narrador.
El sonido del bolígrafo contra el papel era lo único que rompía el silencio en la oficina de Luther. Firmaba con precisión, sin prisa, cada documento apilado frente a él. La rutina le daba una falsa sensación de control, una calma que rara vez encontraba fuera de esas cuatro paredes.
—Cómo odio el papeleo —susurró para sí mismo, entre dientes—. ¿Cuál es la necesidad de hacer esto? Soy un puto alfa, no un empresario.
—Te recuerdo que Armando Eldrin tenía una empresa pequeña a la que