Marcela.
El aroma de la comida recién hecha flotaba en la cabaña, cálido y envolvente, llenando el espacio con una sensación reconfortante que, a estas alturas, ya me resultaba familiar.
Se había convertido en una rutina para mí, y me encantaba…
Me encontraba sentada en el comedor, observando a Oliver moverse con soltura por la cocina. Cada movimiento suyo era preciso, como si fuera parte de su esencia. Lo había visto hacer eso tantas veces que ya me acostumbré a su presencia.
Aunque…
—¿Por