Kael.
El aire olía a tierra mojada porque esa mañana llovió un rato. El sol estaba en su máximo punto, marcando nuestro destino con su radiante iluminación. Me apoyé contra el tronco del árbol en la entrada del pueblo, observando el bosque a la distancia.
Estábamos a punto de partir para acabar contra el clan de vampiros que aniquiló a la manada de Nuria, y aunque mi expresión era de calma absoluta, mi mente calculaba cada posible desenlace.
—¿Por qué tarda tanto? —preguntó Celeste.
Nuria er