Celeste.
La música sonaba suavemente en el fondo mientras la fiesta de Damián continuaba. Yo agarré un vaso de jugo en la mano, me había alejado de la multitud junto a Marcela, ya que no habíamos hablado durante todo el día.
Disfrutaba de una charla tranquila en uno de los rincones más apartados del salón. Las luces tenues reflejaban el brillo de la decoración, y los murmullos de conversación llenaban mis oídos todavía.
—Es difícil alejarse lo suficiente para centrarnos en lo nuestro —dije,