Kael.
Me acomodé en la cama para tener una mejor visión de Celeste. Su rostro limpio y suave, me daba ganas de tocarlo durante todo el rato. Eché un mechón de su cabello detrás de su oreja, y me subí sobre ella en la cama otra vez.
Junté su nariz con la mía de forma lenta. Celeste me volvía loco en cuestión de segundos. Mi miembro erecto empujaba mi pantalón, queriendo salir al chocar con su entrepierna.
—¿Kael?
—Quiero que sepas que te amo, Celeste. Nunca antes había sentido algo tan fuert