Celeste.
Caminé por el pueblo con pasos apresurados, la brisa cálida de la tarde apenas logró aliviar la inquietud en mi pecho. Desde hace días, Marcela no aparecía, no la había visto como era de costumbre, y pensé que se estaba recuperando de la batalla, pero ya pasó más de una semana y no me buscaba.
Kael fue el que me dijo que ella estaba en su cabaña. La ausencia de mi amiga pesaba, porque teníamos mucho de qué hablar.
Al llegar a la cabaña, golpeé la puerta con suavidad.
—¿Marcela? —llamé