Celeste.
Nos separamos de Nuria y Nolan porque ella lo iba a acompañar a que lo atendieran por separado, ya que sus heridas eran profundas.
La enfermería olía a sangre seca y ungüentos medicinales. La luz tenue del amanecer se filtraba por las ventanas, proyectando sombras alargadas sobre las camillas ocupadas. La pelea duró toda la noche.
—¿Dónde estará Damián? —pregunté.
Al entrar, el murmullo de los heridos nos envolvió, fue un coro de respiraciones entre cortadas que me provocaron escal