Narrador.
Días después…
El juego había comenzado como siempre.
Kenzo contaba rápido y con los ojos cerrados a medias. Miriam corría detrás de un tronco, cubriéndose con hojas. Y Sienna... bueno, Sienna decidió que esta vez se escondería mejor que nunca. Porque no podía perder. Porque ella era la estratega. Porque decir “¡me encontraste!” le daba picazón de dignidad.
Así que se alejó más de lo permitido, con pasos sigilosos y concentración de loba adolescente.
El bosque la recibió con silencio