Narrador.
Celeste caminaba de un lado al otro frente a la cabaña, con el cabello suelto y el corazón agitado. Miriam había llegado corriendo una hora antes, sin aliento, repitiendo entre hipo y lágrimas que no encontraba a Sienna ni a Kenzo por ningún rincón del bosque.
Celeste había llamado a Kael con urgencia. Damián ya había salido a buscar ramas “por si la búsqueda requería sacrificios simbólicos”, y Serena, con la mano sobre su vientre aún secreto, intentaba calmar a Miriam con cuentos má