Celeste.
El dolor llegó como un golpe suave… al principio.
Estaba sentada en la cama, con una taza de té entre las manos, cuando sentí la primera punzada. No era como las anteriores. No era una molestia común, ni uno de esos calambres pasajeros que ya había aprendido a ignorar. Este era diferente.
Me llevé una mano al vientre.
Los mellizos se movían. Como si también supieran que algo estaba por cambiar.
La segunda punzada fue más fuerte. Me dobló ligeramente sobre mí misma, haciendo que la taz