Celeste.
Estaba sentada en una banca de madera frente a la ventana, sintiendo el sol tibio filtrarse entre las hojas del bosque. Tenía una de esas mantas gruesas sobre los hombros, aunque ya no hacía frío. Quizás era solo costumbre… o nostalgia.
Damián estaba junto a mí, ajustando con precisión el vendaje que cubría mi pecho. Sus manos eran firmes, pero delicadas. Siempre tenía ese toque entre precisión médica y cariño hermano que me hacía confiar, incluso cuando dolía.
—¿Y? —pregunté, levanta