Karina ya tenía la maleta lista y cerrada junto a sus pies. Isadora también había preparado la suya. Ninguna tenía puesto el traje de sirvienta.
Las dos permanecían juntas en la puerta principal, una al lado de la otra. Estaban esperando que Mateo bajara.
—No tengo muchas cosas que llevar, me siento pobre —resopló Karina, rompiendo el silencio.
—Yo tampoco. Ambas llevamos una sola maleta y ni siquiera está llena… —confesó Isadora, con una risita—. Con suerte tenemos cinco cambios de ropa por