—¡Soy su madre, doctor! —exclamó Andrea, abalanzándose hacia él—. Dígame que mi hija está estable, por favor. No me dé malas noticias, se lo suplico. Estoy muy preocupada por ella... yo no...
El médico suspiró, guardando su tapabocas dentro del bolsillo de su bata blanca.
—Isadora llegó en un estado muy crítico —comenzó, haciendo que el corazón de Mateo diera un vuelco y todos lo vieran con horror—. Sin embargo, puedo decirles que la cirugía fue todo un éxito y ella está fuera de peligro.
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