Karina estaba pagando. Había hecho las compras junto a Isadora en el supermercado, la miraba de reojo mientras la cajera pasaba los productos uno a uno.
Isadora acomodaba las bolsas sin prisa, y Karina no dejaba de pensar en esa sonrisa genuina que Mateo le había dedicado en la cocina a Isadora, muy diferente a la de Anthony…
—¿Todo bien? —preguntó Isadora, notando el silencio.
—¡Sí! —respondió Karina, demasiado rápido—. ¿No te gustaría ir por un helado? Todavía nos queda tiempo antes de volve