—¡No te vayas! ¡Necesito hablar contigo! ¿Dónde vives? —pidió la mujer, secando sus lágrimas.
Isadora se asustó por su comportamiento. El contacto fue tan repentino, que la dejó sin habla. Le resultaba extraño.
Karina reaccionó al instante. Se colocó frente a su amiga, con el cuerpo tenso y la mirada fija en esa señora.
—¡Señora, cálmese! —le dijo—. Nosotras tenemos que irnos. Es imposible que conozca a mi amiga…
La mujer retrocedió un paso, como si recién notara lo que había hecho.
—L-lo si