71. Fuera de mis tierras.
El aire en el vestíbulo era un muro invisible, una presión asfixiante que dificultaba la respiración. La tensión vibraba en cada mota de polvo danzando en la escasa luz, lista para estallar en una violencia sin cuartel. La luz del atardecer, filtrándose a través de los altos ventanales, teñía las paredes de un rojo ominoso, como si la sangre de batallas pasadas se negara a desaparecer, presagiando la furia desatada que estaba a punto de inundar el salón.
Damián, una estatua de músculos tensos c