62. Ustedes son mi vida, Isolde. Tú y mi hijo…
Isolde tardó unos segundos en reaccionar. Su mirada se quedó perdida en el techo, como si buscara una respuesta en las sombras, antes de bajar, lentamente, hasta posarse en el rostro de su hijo. Sus dedos temblorosos acariciaron la mejilla cálida de Rowan, y un nudo espeso se le formó en la garganta.
—¿Qué pasó? — susurró con un hilo de voz, como si la pregunta le quemara —. ¿Evelyn? ¿Dónde está?
Damián dio un paso hacia la cama, su silueta recortada por la tenue luz que entraba por la ventana