63. ¿Vas a jugarte la vida de tu hijo?
El silencio en la habitación era espeso, casi irreal. La ausencia de los brazos de Damián la dejaba fría, como si el calor de antes hubiera sido solo un espejismo. Se incorporó despacio, aún con el cuerpo entumecido, pero con una inquietud que le tensaba la piel.
Había algo raro. Algo que no terminaba de encajar. Y entonces lo sintió. No necesitó darse la vuelta para saberlo. La presencia de Raven flotaba en el aire, densa, envolvente, cargada de extraño frío que pareció recorrerle la espina d