32. No puede convertir a esa hembra en su luna.
Las miradas de todos estaban puestas sobre el Alfa y sobre ella… o más bien, sobre Abigail, como creían que se llamaba. Nadie se atrevía a romper el silencio. Todos contenían el aliento, esperando la reacción de la hembra.
Pero no fue Isolde quien se movió primero.
Fue Evelyn.
Avanzó con paso elegante, pero su sonrisa ladeada delataba la satisfacción que bailaba en sus labios. Se colocó junto al Alfa, como si ya le perteneciera, y clavó los ojos en Isolde con la misma crueldad con la que una se