111. ¡Estás despierto!
La oscuridad lo envolvía. No era la negrura del sueño tranquilo, sino una sombra espesa, densa, como una bruma que presionaba sus pulmones y amortiguaba sus pensamientos. Damián flotaba en una especie de limbo sin tiempo, sin forma. Solo existía el dolor lejano, como un recuerdo adormecido... y una angustia que no parecía ser suya.
Al principio fue un latido. Un tamborileo leve, ajeno, que retumbaba desde lejos. Luego vino la desesperación que parecía llenarlo todo. Aguda. Familiar.
Isolde.
Si