Capítulo 8.
Ya había conocido a la pequeña ave mascota de la Luna Suprema en alguna ocasión de los últimos años, pero no esperaba verla... enorme.
No era de extrañar que algunos Renegados no pudieran con ella. Los cachorros ni siquiera querían acercarse por temor a que se los comiera.
Por la noche, justo como lo dijo, empezó mi entrenamiento.
No sabía qué esperar, pero definitivamente el cargar enormes rocas y llevarlas de un lado al otro del territorio no fue predecible.
Ese fue el primero de mi