Capítulo 2.

Déborah.

El señor Ti siempre había sido considerado conmigo, él me dejaba descansar cada veinte minutos de carrera y se ofrecía a llevarme en su espalda cuando me cansaba.

Había estado trabajando en mi resistencia junto a los cachorros durante los últimos dos años, pero al parecer no era suficiente.

Algo me decía que no era solamente por yo ser una hembra y él un macho.

Ya habíamos llegado al territorio de los Supremos y solo faltaba recorrer un par de kilómetros hasta el lugar de encue
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