19. ¿Y cuál es tu alternativa?
Los pasos de Byron se perdieron por el pasillo, dejando tras de sí un silencio denso, cargado de la electricidad residual que Elena Davis había dejado en la sala.
Renata Wallace no se movió. Permaneció sentada en su trono de caoba, observando cómo Sabrina se deshacía por dentro. Conocía a su futura nuera lo suficiente para saber que aquel silencio no duraría más de diez segundos.
—¿Estás diciendo — estalló Sabrina al fin — que la única forma de evitar el cierre es confiar el futuro de los Wallace a una desconocida?
Renata se acomodó con una lentitud exasperante. Cruzó las piernas, ajustó su collar de perlas y alzó la mirada, clavando sus ojos helados en los de la otra mujer.
— Estoy diciendo — replicó Renata — que esa mujer desconocida acaba de leernos las entrañas mejor que cualquiera de nuestros directivos en los últimos cinco años.
— Comprendo que te impresionara su teatro — Sabrina soltó una risa breve, nerviosa, caminando de un lado a otro — pero eso no significa que debamos en