20. Trabajo con quien sabe ganar.
Byron estaba a punto de responder algo que habría dinamitado el acuerdo cuando la puerta se abrió de nuevo.
— No, no — dijo una voz gélida — Por favor, no se detengan por mí.
Renata Wallace entró en la sala. Su presencia hizo que la temperatura descendiera varios grados. No habló de inmediato; observó el panorama con la precisión de un halcón.
Su hijo, alterado. Elena, impecable. Y Julián Carter, el hombre que conocía todos sus pecados, ocupando espacio en su territorio.
— Vaya… — murmuró Re