Zane lamió sus labios, pero abrió el bolsillo de su camisa, de donde sacó una cajetilla de cigarrillos. Tomó uno y lo encendió con el moderno encendedor que Federico poseía. Expulsó el humo sobre la cabeza de ambos, pero lo señaló con esos dedos que cargaban una de sus muchas adicciones.
—Pongámonos ese objetivo —Federico frunció el ceño—. Que Melissa "invierta” —enmarcó entre comillas— esos cincuenta millones. Cada uno toma la mitad y se va a hacer su vida —pronto Zane dibujó una delicada sonr