capitulo 103
Esas manos fuertes se deslizaron por su cuerpo, apretando con firmeza desde las nalgas hasta sus senos, que ya sentía sensibilizados por la presión que ejercía la cuerda en ellos. Su mirada se posó en el techo de aquel lugar y sus caderas, libres y con ese movimiento natural en forma de ola, le fueron construyendo un universo de nubes y libertad donde se dejó caer, segura de que esas manos que la recorrían iban a tomarla. Porque, pese a todo, le habían demostrado que esa era una absoluta verdad.