—¡Cállate! —Maurice, que hasta sintió el frío deslizarse por su espalda, gritó—. ¡Por un demonio, cállate! —lo miró con agudeza—. No tienes idea de lo que sucedió esa noche, y no voy a dejar que vengas a señalarme a mí por algo que no estuvo en mi poder…
—¡Porque eres un adicto! —Zane continuó firme—. Eres un adicto, papá, que nos está llevando al mismo infierno, que no solo apostó a su hija adoptiva en una mesa, también perdió ¡cincuenta millones de dólares y tres propiedades en dos semanas e