El delicado cuerpo, cubierto en diamantes de una colección de alta joyería de la línea Van Cleef que su esposo le había comprado en ese paseo, se retorcía completo bajo esa lengua explorándola una vez más. Habían despegado hace poco más de una hora, y después de tomar el desayuno, los besos se tornaron tan apasionados que el supuesto descanso que iban a darse se volvió una búsqueda de eso que también los unía: su intensa intimidad.
—Dios, Ares, Dios… —hundió los dedos en su cabello, y con la