La misma que, con paso rápido, buscó la escalera para frenar en seco al notar lo que él había hecho.
—Oh, por Dios… —expulsó con un jadeo desde el centro del pecho—. ¿Son reales?
Bajó ese primer tramo rápidamente para encontrarse con las rosas rojas más hermosas que había visto en su vida. El último tramo de las escaleras estaba decorado, a ambos lados, por unos arreglos preciosos. Pero no se detenían ahí: había uno enorme sobre esa mesa donde solía exhibir los ramos desde el primero que recibi