La tensión se instaló de inmediato, pesada y oscura entre ellos, pero ella ajustó, en un movimiento que no le gustó a Ares, el escote de su bata cuando notó que él dirigía la mirada hacia el mismo.
—¿Dónde estabas? —consultó Melissa, dirigiéndose hacia el clóset.
—Huyendo de ti.
Ella lo miró con incredulidad, por sobre el hombro.
—O de lo que estoy sintiendo.
Ares, que solo observó la bata caer del cuerpo femenino y quedar acumulada como una montaña de tela rosada en el piso, apretó la mandíbul