—No es así como las cosas se arreglan. No es de esta manera que los matrimonios funcionan. No solo… —cubrió su boca—. No solo puede gritar, destruir y explotar, para luego imponer sus malditas reglas, como si yo no valiera nada, como si… —pasó saliva, pero cuando el pesado dolor en su pecho le robó el aire, se sentó en la orilla de la cama—. ¿Y qué es lo que valgo? ¿Lo que ya pagó por mí? —se preguntó, sumergida en lo que su mente y corazón sentían, que eran tan diferentes—. Esto es retorcido,