Ares miró el mensaje y, tras notarse su sonrisa en la cabina del ascensor, buscó la salida cuando llegó a su piso, dirigiéndose erguido y seguro hasta su oficina. No iba a negar que se sentía nervioso ante esa salida que su esposa tenía con un hombre que, él estaba seguro, no la miraba con los ojos de hermandad con los que ella lo veía. Pero llenarle la cabeza a Melissa con sus ideas no era algo que quería hacer, no en ese momento donde todo estaba tan bien. Por eso la protegería, incluso de su