Los dos se sonrieron, y Melissa, al verlo a los ojos, asintió.
—Para serte sincera, no me molestaría —él frunció el ceño—. Y quizás, si lo pienso bien, podría serlo… la muñequita de Ares Ravage. La que llena de joyas y ropa de marca.
—Vaya, nunca pensé que te escucharía decir algo así. Eso no suena demasiado feminista de tu parte.
Melissa se rió de forma suelta, tomando de su vino antes de posar de nuevo sus ojos en su hermano.
—El feminismo que yo conozco se enfoca en la libertad de que cada m