—Ya me siento mejor —susurró.
—Bien. Es hora de que vayamos a dormir…
—No, Ares… —ella lo miró con grandes ojos—. Me faltan tres.
Esos dedos se hundieron en su cabello suelto y un poco húmedo del sudor.
—Dime que me quieres, pequeña manipuladora.
—Te quiero —le susurró al rostro, para darle un beso—. Te quiero —continuó. Pronto se agarró de los hombros de Ares, buscando cómo acomodarse en su regazo—. Te quiero —siguió, ahora besando su mejilla, las dos—. Te quiero —susurró contra su boca,