Tras acomodarse la chaqueta, tomó los guantes para cubrir sus manos, que miró con atención durante unos segundos más. Esa, donde cargaba su jamás retirado anillo de bodas, lo hizo suspirar y, antes de cubrirla, se dirigió hacia la cama donde su esposa dormía profundamente. Se veía tan hermosa, cómoda y relajada en ese espacio que había compartido con él unas horas. Después de todo, había despertado casi con las órdenes de ella para cumplirlas, porque quería hacerla feliz, una de las tantas cosa