Melissa se quedó con esas sensaciones, nuevas y difíciles de describir, recorriendo de alguna manera su piel, viendo cómo el hombre que se las había provocado se alejaba de ella con paso seguro.
—¿Y qué tal si no quiero comer? —preguntó, deteniendo sus pasos—. ¿Y qué tal si, por nada del mundo, quiero despedirme de mi familia?
—Claramente vas a querer despedirte de ellos, porque no sabes cuándo volverás a verlos… —Melissa solo tensó la mandíbula—. Y te aseguro, Melissa Ravage —se giró hacia