—Sé que no teníamos previsto hacer ningún tipo de brindis, y es que, de pronto, esta boda se ha llenado de peculiares decisiones —señaló la dama, logrando la sonrisa de Camille—. Solo quiero decirle a mi hermanita que espero que sea muy, muy, muy feliz —su risa denotaba burla—. Sin duda, te has casado con uno de los hombres más poderosos del estado, del país o quizás del mundo… —se alzó de hombros, viendo hacia el frente—. Alguien que, ciertamente, estaba obsesionado contigo…
—Mariam —su padre