Capítulo 29. Jaque mate
La madrugada había llegado con un peso inquietante. Buenos Aires, la ciudad que nunca dormía, parecía respirar al ritmo de las tensiones que se tejían en la mansión Montenegro. Fuera de su alcance, el destino se encargaba de recordarles a todos lo efímero que podía ser el poder. Sin embargo, en ese instante, las puertas del lujoso hogar se cerraban con una solidez absoluta, como si nada pudiera perturbar el momento.
Edgardo estaba acostado en el sillón de su oficina, mirando sin ver la ventan