Alessandro seguía en cautiverio, encerrado entre las húmedas paredes de una mazmorra que olía a hierro oxidado y desesperanza. El aire era espeso, casi imposible de respirar. Se había quedado sin uñas de tanto arañar el suelo de piedra, intentando no perder la cabeza mientras la oscuridad lo envolvía.
Pensaba en lo peor.
Marcello lo había traicionado.
Apretó los dientes, una sombra de rabia cruzándole el rostro. La Familia… su familia, no sobreviviría sin él. Si no estaba al mando, todo se vend