—Sé que te he lastimado… —su voz bajó de pronto, y sus labios encontraron el cuello de Natalia. Ella se estremeció, intentando reprimir los espasmos que su boca le arrancaba—. Que desde el principio hice todo mal. Pero no me arrepiento, porque sin eso nunca te habría conocido. —La apretó más fuerte contra su pecho, su voz sonaba cargada de culpa y deseo—. Cometí un error al ocultarte lo de Anabella…
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>, pensó Natalia, cerrando los puños con fuerza. Agradecía que las luces