El oleaje del mar de Liguria golpeaba con un ritmo sordo y constante el casco de acero negro del Mavros IV mientras el yate se deslizaba entre los mega-yates de la Riviera francesa. Desde el balcón del camarote principal, las luces de Cannes titilaban en la distancia como diamantes esparcidos sobre un manto de terciopelo oscuro. La Costa Azul se presentaba ante nosotros con su habitual máscara de opulencia, glamour y dinero viejo, pero tras las fachadas de los hoteles de lujo y las villas exclu