El murmullo de la selva era una pared de sonido que nos envolvía, una mezcla de insectos gritando y hojas chocando que ocultaba el ruido de nuestras propias dudas. Habíamos dejado el coche a varios kilómetros atrás, oculto bajo una capa de ramas y barro, para internarnos en el corazón verde del país. Mateo caminaba delante, abriendo paso con un machete viejo que le había pedido prestado a un contacto en el camino, mientras yo ayudaba a Estrada a no tropezar con las raíces traicioneras que parec