El aire del sur no era como el de la costa, aquí el oxígeno se sentía espeso, cargado de un polvillo metálico que se te pegaba a la garganta y te dejaba un sabor a óxido en la lengua. Estábamos a bordo de un camión de carga destartalado, ocultos entre lonas de yute y cajas vacías de suministros, mientras avanzábamos por una carretera que apenas era una cicatriz de tierra roja en mitad de la selva. A lo lejos, el cielo no era azul, sino de un naranja tóxico provocado por los incendios de las ref