CAPITULO 53

El hedor de la ciudad sitiada no era el mismo que el de la superficie, aquí abajo, en las entrañas de concreto y olvido, el olor a humedad rancia se mezclaba con el gas metano y un rastro químico que me hacía arder los ojos, cada vez que dábamos un paso, el agua estancada nos llegaba a las rodillas, ocultando los escombros que la guerra civil había arrojado por las alcantarillas. Mateo iba a la vanguardia, con una linterna táctica cuyo haz de luz cortaba la negrura como un bisturí, mientras Jul
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