••Sombras y Vainilla••
La mansión de los Gigantes siempre estaba sumida en un silencio tenso, roto solo por el murmullo de los radios de seguridad y el eco de los pasos sobre el mármol. Para Caelum, ese silencio era un lienzo en blanco que ella disfrutaba alterar.
A sus diecisiete años, Caelum se movía por la casa con una libertad que nadie más se atrevía a tomar. Pero hoy no buscaba a su padre, ni quería hablar con su madre, Elena. Sus pasos, ligeros y decididos, la llevaban hacia el ala oeste