Esa tarde, la calma de la mansión se rompió con la llegada de un mensajero. Caelum estaba en la estancia principal cuando un enorme arreglo de rosas blancas, casi del tamaño de una persona, fue depositado sobre la mesa de mármol. No eran las flores que su padre solía comprar para Elena; estas tenían una elegancia agresiva.
Ruda, que estaba revisando los puntos de seguridad en el vestíbulo, se tensó al instante. Caminó hacia el arreglo con pasos pesados, su presencia llenando la habitación de un