Varkas no soltó la muñeca de Elena. La obligó a mirar la foto de nuevo, acercándola a la luz de un candelabro de bronce.
—Mira bien la imagen Elena —dijo él con una voz gélida—- la cerilla encendió la fachada, el portal de madera. Esa noche el fuego no buscaba consumir el edificio, buscaba marcarlo.
Elena temblaba, recordaba el olor a humo de su infancia, un recuerdo que siempre había bloqueado como una pesadilla difusa.
—Mis padres….. ellos me dijeron que fue un cortocircuito. Que tuvimo